A veces llueve …

Image

A veces llueve en Madrid. Al principio, uno no sabe si es realmente lluvia o el grifo de la vecina abierto a máxima potencia. Tan poco acostumbrada es aquí su presencia. Y tan ajena, cuando para mí nunca ha sido extraña. Pero si creces con lluvias que traen el silencio y transitan por empedrados y verde, que dejan huella en el ambiente con su olor, esto sabe a poco. A asfalto y a atascos. A un punto de mala hostia en los cruces y en los semáforos. A un invitado poco deseado. Siempre que llovía en Santiago la ciudad se hacía hermosa como una novia a punto de caminar hacia el altar de un matrimonio deseado. Se volvía coqueta y mostraba que ese, en aquel momento, en aquel preciso instante, era su sitio. En Madrid la lluvia cala a las malcasadas, a las viudas depresivas a quienes no se atreven a romper con su vida por más triste que esta sea. A mí me trae siempre la morriña de pies mojados y mochilas cargadas de las tardes de universidad en Santiago, cuando el mundo era un lienzo mucho más en blanco de lo que lo es cuando pasan los días, y uno se hace más desencantado, más frustrado, quizás simplemente más viejo. Así que en esos días, cojo el teléfono y llamó a mamá, o a L., para que ellas sean mis ojos en Galicia y me cuenten si los perros han vuelto a escaparse, si S. sigue con sus dilemas sentimentales, si en mi pueblo la vecina se sigue besando con el profesor de kárate en las esquinas. O me siento en las escaleras del portal de Vallehermoso y veo a la lluvia caer quedamente, por entre los coches sin alma. Amo Madrid pero esos días sé que estoy a 600 km, recorriendo campos de margaritas con abuela. En casa.

Anuncios

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.