Están as nubes chorando

Y entonces es cuando vuelves de Marruecos,de ese sur que últimamente es cada vez más tu norte, y te encuentras con que ya no están. Con que una parte de las Fragas do Eume ha ardido, devorada, finiquitada, increíblemente desaparecida. Quienes hemos tenido la suerte de no haber perdido todavía a alguien importante en nuestras vidas tenemos una especie de confianza en la eternidad de las cosas, en creer que aquello que nos hace felices, que forma parte de nuestro pasado (que al fin y al cabo es quien nos ha construido), nunca desaparecerá. Hoy ha sido día de prensa online no abierta, de televisores apagados. Sé que las Fragas se consumen y, sí, cobardemente no quiero ver que desaparecen. Como la niña que no puede asistir al entierro de un ser querido porque sabe que esa imagen no le dejará dormir el resto de su vida. Al fin y al cabo, yo volvía de la escuela entre campos de margaritas de la mano de abuela. Y otras fragas acunaron mi infancia. Al fin y al cabo, soy nieta, bisnieta, tataranieta de las fragas, aunque ahora viva entre edificios de diez pisos y polución. Los hijos del bosque nos hemos quedado huérfanos.

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