Melancolías

La melancolía escuece y se desliza por la vida como una de las lagartijas que veía de niña, corriendo entre las piedras en los escasos días en los que en Galicia hacia sol, y lo disfrutábamos como una bolsa de caramelos repleta, como la mejor partida de canicas de la historia. De repente te das cuenta de que te aproximas inexorablemente y más rápido de lo que gustaría a los treinta, y te preguntas si vas a tener tiempo de hacer todo aquello que querías hacer cuando eras pequeña y creías que, a ritmo de uno por día, podrías acabar leyéndote todos los libros de la biblioteca del colegio. Te preguntas, en esa nube de melancolía que de repente lo invade todo, si la vida no puede volver a ser tan simple, si una sonrisa no se puede esconder en un simple bocata de Nocilla, si no puedes regresar al tiempo en el que D. y tu erais los reyes de una tierra que no tenia limites, y de un cielo al que ascendías subida en columpio. Te preguntas por que a veces, si eres tan joven, te sientes tan vieja, y si algún día conocerás el significado de eso que otros de tu edad denominan “madurar”. Como si hacerlo no fuese un pasaporte de camino al morirse, poquito a poco, entre hipotecas, coches a plazos e hijos no deseados…

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