En la casa de enfrente se encienden las luces e intuyo calor de hogar tras las cortinas rojas. Una pareja camina de la mano y piensa en acurrucarse al llegar a su apartamento. Te echo de menos porque me he acostumbrado a tu olor y a tu risa, porque si hubo un tiempo en el que me veía como una eterna solitaria, conseguiste cambiar mi opinión a golpe de paciencia y cariño. A veces me siento como una niña pequeña en tus brazos, y no me creas cuando te digo que no me gusta que me protejas. Es sólo que así me hago la fuerte, aunque me hayas enseñado durante este tiempo que los verdaderos valientes son los que dicen lo que sienten incluso cuando no sepan si el otro va a sentir lo mismo.

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