Ruido

Me he mudado. Y he cambiado un piso cuasi conventual por otro desbordante de ruidos. El vendedor de pescado por las mañanas, la lavadora traqueteante a un metro del ordenador, las palomas y sus sonidos indescifrables de primera mañana. Coches, y gente que parlotea, y la conversación risueña de las peluqueras de enfrente. Con el ruido que a veces martillea y detiene mi teclear, pero que inevitablemente confirma que respiro, siento y vivo. Ruido.

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