Me hago fan de Wennie y de su excusa para no delatarme cuando abrió la puerta y se encontró con una marabuna de cojines y sábanas que se apresuraban a cubrir lo que no es para compartir con compañeros de piso. De los bebedores de té que siguieron impávidos, bebidas en mano, tras aquel coche aparcado frente a la costa de España. Y de ese señor que a horas intempestivas, cuando iba a abrir el portal de casa, me detuvo con un gesto mientras murmuraba “Tranquila, tú sigue con tu amor”. Me hago fan de todos los que disimularon, comprendieron e incluso sonrieron en aquellos momentos en los que tan fácil habría sido atacarme, rendida como estaba a huir de la racionalidad.

